Estás en medio de un set épico, la pista es fuego y el pulso marca 160 bpm. Sientes en las costillas que el momento es perfecto, que el aire pide a gritos «Hey Ya!» de Outkast para mantener ese vibe encendido. Pero cuando cargas el track, te quedas frío: el número en la pantalla de tu controlador parpadea y te marca 80 bpm.
Hay canciones que no se cuadran con un metrónomo, se cuadran con el pecho.
En ese segundo de duda, la máquina está intentando domesticar un rayo. Busca una rejilla matemática donde encerrar el caos, pero se estrella contra el muro del groove real. El software no entiende que Andre 3000 metió un compás que rompe la lógica para obligar al cuerpo a sacudirse; el algoritmo cuenta, pero tú eres el que sostiene la fiesta. Hacerle caso a esa pantalla es sentenciar el set: vas a intentar empatar el track a una velocidad fantasma, entregando un choque de trenes donde los loops se desfasan y los efectos ensucian el aire.
En mi biblioteca de edits, el BPM que aparece en el nombre del track es la referencia humana que no miente. Si tu equipo falla, ajusta el Grid a x2 o /2 y recupera la cordura. Toma el mando con el instinto de esos DJs que se forjaron cuando el beatmapper en los equipos no existía, cuando el pitch era una extensión del brazo y el ritmo se sentía en las venas antes que en un monitor.
El día que un algoritmo tenga la sensibilidad de entender que la pista se está muriendo por un error de lectura, ese día debemos colgar los audífonos. Mientras eso ocurre, aquí seguiremos con arsenales de edits con BPMs precisos. Porque no pienso dejar mi set en manos de un algoritmo que confunde «Hey Ya!» de Outkast con una balada 😂. (By. JcMtz)
Revivan esa saga de Rock Inglés vs Español se estaba poniendo buena, en la ultima emisión ya Tommy estaba abriendo su corazón.
👀