El rock no tuvo padre. Tuvo madre: Sister Rosetta Tharpe

  • La lluvia helada caía sin piedad sobre la estación de Manchester aquel 7 de mayo de 1964. El andén olía a carbón mojado y a reclamo: el de una madre por su territorio.

    De un carruaje bajó ella, imponente: bajo su abrigo de piel empapado, sonrió y, al recibir su Gibson SG blanca, la colgó al hombro como un cetro. Un solo rasgueo eléctrico cortó la lluvia. Bajo la bruma del acero y el frío, algo eterno se encendió frente a una generación de jóvenes británicos extasiados.

    Mientras los hombres se llevaban el crédito por “inventar” el sonido que ella ya había parido años antes, Rosetta estaba ahí, en los templos gospel y los clubes de juke joint, rasgando cuerdas con una distorsión que nadie había escuchado. Ella no solo tocaba la guitarra eléctrica antes que casi cualquiera; la hacía llorar, la hacía gritar, la hacía rezar y pecar en la misma nota. Cantaba con una voz que rompía el cielo y hacía temblar el infierno. El mundo no estaba listo para que una mujer negra fuera la chispa de la revolución. La relegaron a “influencia olvidada”, le pusieron el disfraz de pionera del gospel y le quitaron el trono que merecía: el de la madre del rock and roll. Todo por cometer los dos pecados imperdonables de su época: ser mujer y ser negra.

    Pero la genética musical no miente. Cuando Chuck Berry subía el volumen, estaba intentando imitar el ataque de Rosetta. Cuando Elvis Presley movía las piernas, estaba replicando la energía que ella desataba en los púlpitos. Little Richard lo dijo sin rodeos: «Ella fue mi mayor influencia». Incluso esos jóvenes británicos que la miraban bajo la lluvia de Manchester —desde Keith Richards hasta Eric Clapton— regresaron a sus casas sabiendo que el secreto no estaba en los discos de los hombres, sino en los dedos de aquella mujer.

    Puedes intentar borrar un nombre de los libros, pero no puedes silenciar un eco que todavía hace retumbar los estadios del mundo. Sister Rosetta Tharpe no fue una “influencia temprana” ni una nota al pie de página. Ella fue el Big Bang.

    El rock no tuvo padre. Tuvo madre, y ya es hora de que el mundo aprenda a decir su nombre. (By. JcMtz)

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